Thursday, September 29, 2011

Thursday of Socio-Political & Economical Topics and Opinions


This Thursday our collaboration comes from Mr. Rafael E. Rincón - Urdaneta Z. and it is totally in Spanish.

(http://blog.latercera.com/blog/rrincon/entry/la_demolici%C3%B3n_de_chile_y)



La demolición de Chile y los cómplices incautos



“Ora colebra mordé bo, bo ta haya miedo di lagadishi” dice un popular proverbio en idioma papiamento que traduce algo como “una vez mordido por una serpiente, se teme hasta de las lagartijas”. Ciertamente, quienes hemos experimentado o visto muy de cerca la demolición de un sistema de libertades, tememos siempre que tras el sonido del pasto se avecine una mortal víbora de cabeza triangular pronta a inocularnos su veneno.

En Chile somos hoy testigos de eventos comparables, al menos en ciertos sentidos y guardando las prudentes distancias, a los que en otros países latinoamericanos precedieron las caídas de buenas o mediocres democracias, sin que sobre sus escombros se levantara una nueva institucionalidad para la libertad, sino engendros políticos opresivos y ruinosos comandados por charlatanes abusivos, populistas y demagogos con muy malas ideas.

Bien advertidos estamos los que conocemos el discurso de raigambre marxista. No es que seamos nostálgicos de la Guerra Fría, aunque, confieso, algunos añoramos a los estadistas de carácter y valentía de aquellos días. Tampoco es que creamos en la preferencia gastronómica de los comunistas por los infantes, como burlonamente acusan los convencidos de tener una madurez política excepcional. La verdad es que nos basta con las pruebas criminales que el propio comunismo, durante décadas, dejó a la vista.
Quienes sí hemos aprendido el ideario de los revolucionarios comunistas sabemos qué buscan y cómo lo buscan, así como conocemos sus fortalezas: la perseverancia, la convicción y una envidiable habilidad para detectar y reclutar incautos. Y nos mantenemos en estado de alerta porque las virtudes listadas trabajan en favor de sus abundantes miserias y vicios: el desprecio por la libertad, la vocación para imponer las peores ideas y el talento para arruinar países impúdica e impunemente. Bueno, después de 1989, no queda qué explicar a los buenos entendedores.

Pero el trabajo de los partidos comunistas, que existen en todo el mundo sin que se les condene por su pasado e ideas, suerte que no han tenido otros, es destruir la “democracia burguesa”. El propósito es suplantarla por la dictadura del proletariado o por alguna adaptación contemporánea que, con denominación seductora y maquillaje embellecedor, permita gobernar sin límites en nombre de las mayorías, las haya o no, y aplastar al resto sin piedad, sometiéndolo y arrebatándole todo. Democracia directa, participativa o popular, "verdadera democracia"… en fin… el nombre es lo de menos.

A los comunistas no se les puede culpar por querer destruir lo que aborrecen. No creen en la democracia representativa como la tenemos y conocemos y lo lógico es que traten de hacerla saltar en pedazos, muchas veces con éxito. Pero, ¿cómo lo logran? ¿son más inteligentes o superiores? ¿El Altísimo los auxilia desde los cielos? No. Si lo fueran tendrían sociedades prósperas y ricas y no realizaciones de la ficción distópica orwelliana de 1984. Y ayuda divina no necesitan porque cuentan con el mejor ejército de obreros sin salario: ingenuos que, martillo en mano, trabajan afanosamente a su servicio haciendo polvo cada piedra de la institucionalidad democrática.

Los jefes de esta faena de demolición saben lo que quieren y cómo hacer que la sociedad se haga cómplice y trabaje para ellos voluntariamente. No usan hoy la vía armada, sino que aprovechan los espacios democráticos que el sistema les ofrece. Allí promueven eso que llaman “demandas transversales”, con las que mucha gente bienintencionada e ideológicamente plural simpatiza, y les anexan su interpretación de la situación, sus “soluciones” y, en suma, su programa. Hoy nos dicen que el problema de la educación – de todo, en realidad - es el bendito sistema. Vamos, el “capitalismo salvaje” resguardado por una “dictadura” o una “falsa democracia” de élites y excluyente, de representantes pero sin el pueblo en el poder. ¿La solución? Una revolución. Un ataque de rebeldía que acabe con el orden vigente y lo remodele según los mismos ideales que otrora inspiraron a los bolcheviques. Para eso se produce artificialmente una atmósfera de caos y pesimismo que ambiente el escenario.
Esa revolución, promovida hoy por artistas, gente educada y rostros carismáticos, se hace con tomas, protestas, asambleas constituyentes y plebiscitos, sin contar los arrebatos de violencia. Pero los comandantes son poquísimos porque el trabajo real lo hacen los incautos - y, repito, muchas veces bienintencionados - medios de comunicación, estudiantes, políticos y ciudadanos en general que por sus madres juran no ser comunistas cuando se les cuestiona. Y dicen la verdad. Sinceramente no lo son. Ni siquiera saben que se han sumado a la mano de obra de la hoz y el martillo golpeando con fuerza los cimientos, los pilares y las paredes de la democracia. Cada vez que aplaudimos una toma o una agresión contra Carabineros, el partido rojo sonríe hasta morderse las orejas y herimos de muerte lo exitosamente construido en la Era post Gobierno Militar sobre las bases que de éste quedaron sentadas. Cada vez que deslegitimamos a la autoridad y hablamos como si en Chile rigiese una dictadura – los periodistas en esto tienen mucha responsabilidad - los directores de la demolición descorchan botellas de Dom Pérignon. Cada vez que nos escandalizamos cuando se intenta poner orden y santificamos lo ilegal – las barricadas, las tomas, la quema de vehículos - o nos hacemos los ciegos, sordos y mudos con eso y con las charlas marxistas - leninistas que han recibido algunos jóvenes en colegios, saltan de júbilo los que quieren mandar al Averno la institucionalidad democrática. Y con razón, pues, siendo muy pocos, sienten que nos tienen a todos a su servicio y ritmo.

Por fortuna, Chile es un gran país y se encuentra en una muy buena situación, gracias a las gestiones responsables de los anteriores gobiernos y del actual. Aún con sus puntos débiles y corregibles, Chile tiene mucho de qué enorgullecerse y muy poco de qué avergonzarse. Eso a diferencia de aquellas sociedades que vieron sus libertades y su futuro esfumarse. Pero inmunes no somos y mal podemos pensar que estamos vacunados contra la demencia política. Creyendo hacer el bien, hemos estado sirviendo a las ideas equivocadas y ayudando a destruir el país que promovemos como la buena excepción del vecindario. Negamos lo que positivamente diferencia a Chile de su entorno y que, tristemente, es mejor reconocido por extranjeros que por nacionales.
No tenemos por qué renunciar a nuestros derechos y demandas, pero si queremos superar nuestras falencias, cuidemos las instituciones y nuestra libertad y dejemos de afilar la guillotina que cercenará nuestras cabezas.


Fotografia cortesia de: http://phantom-elfantasma.blogspot.com/2011/09/la-diva-del-partido-comunista-quiere.html