Friday, March 27, 2009

El origen Judio de Cristobal Colon!

¿Quiénes apoyaron a Colón en su proyecto? Muchos conversos, tanto religiosos como funcionarios. Pero fue Luis de Santángel un judío “penitenciado”, quien contribuyó materialmente para el éxito de la empresa. No fue Isabel de Castilla con sus joyas, ese es el mito de la historia oficial. Colón estuvo más de seis años en España hasta que los monarcas se interesaron por él.

Fray Diego de Deza, tutor del príncipe Juan de Castilla, fray Antonio de Marchena, de origen converso, astrónomo del monasterio de la Rábida y también confesor de la reina. Entre los conversos influyentes de la corte de Castilla estaba el ama del príncipe, Juana de Bobadilla. Ambas casas reinantes, Aragón y Castilla, contaron con cristianos nuevos que ayudaron a Colón, pero fueron los aragoneses los más comprometidos con la empresa colombina.

¿Fue Cristóbal Colón criptojudío?, es muy posible. El insistía en aparecer como cristiano devoto, vestía el hábito de la Orden Tercera de San Francisco y fue peregrino al santuario de la virgen de Guadalupe en Lisboa como promesa por haberse salvado de un naufragio.

Los indicios sobre el judaísmo de Colón son abundantes. Quizás sus antepasados emigraron después de 1391, año de matanzas en España, instalándose en Génova.
Autores no judíos como Salvador de Madariaga no vacilan en sostener el origen judío de Colón basándose en el símbolo del ángulo superior izquierdo que aparece en las cartas a su hijo Diego (las que no debía leer la reina). Letras hebreas que significarían Baruj Haslem, “loado sea el Señor”; el enigmático signo sólo se encuentra en las cartas de Archivo de los Duques de Veragua. Si bien no hay pruebas consistentes se supone que las cartas estaban escritas en castellano con caracteres hebreos.

Colón establecía la cronología como cuentan los judíos. Menciona la Segunda Casa (caída del Templo); cuando escribe a un amigo converso manifiesta ser “servidor del mismo Dios que crió a David”.

En su testamento destina el 10% para ajuar de las novias (costumbre judía para novias pobres), además “entregar un ducado al judío que está a las puertas de la Sinagoga de Lisboa”.

En definitiva no podemos afirmar que Colón haya sido judío, pero tampoco podemos sostener lo contrario; sólo la tradición oral conserva y transmite lo que es un enigma más de este personaje.

Se ignora dónde están sus restos, ¿Sevilla? ¿Santo Domingo?. La ciencia está trabajando para obtener la respuesta por medio del análisis del ADN de sus familiares cercanos.

Son muchas las incógnitas para quien completó con sus viajes lo que faltaba conocer de este “mundo”, que se intuía, del que se tenían indicios pero que aún se ignoraba en la Europa medieval. Lo que geógrafos y eruditos llamaron “Nuevo Mundo” empezó siendo una idea en la mente de este navegante conocedor de los “caminos del mar”, que buscaba ir a las Indias por el poniente y para quien la palabra “América”, resultó sencillamente desconocida.

¿Quiénes apoyaron a Colón en su proyecto? Muchos conversos, tanto religiosos como funcionario. Pero fue Luis de Santángel un judío “penitenciado”, quien contribuyó materialmente para el éxito de la empresa. No fue Isabel de Castilla con sus joyas. Ese es el mito de la historia oficial. Colón estuvo más de seis años en España hasta que los monarcas se interesaron por él. Los conversos Gabriel Sánchez, Juan Cabrero, Alfonso de la Caballería, de la Casa de Aragón.

Fray Diego de Deza, tutor del príncipe Juan de Castilla, fray Antonio de Marchena, de origen converso, astrónomo del monasterio de la Rábida y también confesor de la reina. Entre los conversos influyentes de la corte de Castilla estaba el ama del príncipe, Juana de Bobadilla. Ambas casas reinantes, Aragón y Castilla, contaron con cristianos nuevos que ayudaron a Colón, pero fueron los aragoneses los más comprometidos con la empresa colombina.

¿Fue Cristóbal Colón criptojudío?, es muy posible. El insistía en aparecer como cristiano devoto, vestía el hábito de la Orden Tercera de San Francisco y fue peregrino al santuario de la virgen de Guadalupe en Lisboa como promesa por haberse salvado de un naufragio.

Los indicios sobre el judaísmo de Colón son abundantes. Quizás sus antepasados emigraron después de 1391, año de matanzas en España, instalándose en Génova.
Autores no judíos como Salvador de Madariaga no vacilan en sostener el origen judío de Colón basándose en el símbolo del ángulo superior izquierdo que aparece en las cartas a su hijo Diego (las que no debía leer la reina). Letras hebreas que significarían Baruj Hashem, “loado sea el Señor”; el enigmático signo sólo se encuentra en las cartas de Archivo de los Duques de Veragua. Si bien no hay pruebas consistentes se supone que las cartas estaban escritas en castellano con caracteres hebreos.

Colón establecía la cronología como cuentan los judíos. Menciona la Segunda Casa (caída del Templo); cuando escribe a un amigo converso manifiesta ser “servidor del mismo Dios que crió a David”.
En su testamento destina el 10% para ajuar de las novias (costumbre judía para novias pobres), además “entregar un ducado al judío que está a las puertas de la Sinagoga de Lisboa”.

En definitiva no podemos afirmar que Colón haya sido judío, pero tampoco podemos sostener lo contrario; sólo la tradición oral conserva y transmite lo que es un enigma más de este personaje.

Se ignora dónde están sus restos, ¿Sevilla? ¿Santo Domingo?.
La ciencia está trabajando para obtener la respuesta por medio del análisis del ADN de sus familiares cercanos.

Son muchas las incógnitas para quien completó con sus viajes lo que faltaba conocer de este “mundo”, que se intuía, del que se tenían indicios pero que aún se ignoraba en la Europa medieval. Lo que geógrafos y eruditos llamaron “Nuevo Mundo” empezó siendo una idea en la mente de este navegante conocedor de los “caminos del mar”, que buscaba ir a las Indias por el poniente y para quien la palabra “América”, resultó sencillamente desconocida.

(*) La autora es antropóloga y profesora de historia. Ha dictado numerosos cursos sobre Cristóbal Colón, siendo el presente texto una síntesis de su clase en Cidicsef.

Pancho Villa. Retrato autobiográfico 1894-1914

Oscar Enrique Ornelas
diciembre de 2003

• "Mi general es un ejemplo para los jóvenes de hoy".


Finalmente habló la cabeza de Pancho Villa. Dictado por él mismo a su asistente el coronel Manuel Bauche Alcalde, el Retrato autobiográfico 1894-1914 permaneció inédito en su versión completa durante casi 90 años. Utilizado por Martín Luis Guzmán y otros autores en novelas y relatos, nunca había sido publicado, sin que se sepa bien por qué.
Las nietas del general, Guadalupe y Rosa Helia Villa Guerrero, prepararon una edición que ha sido publicada en estos días navideños en edición conjunta de la UNAM y la editorial Taurus. Las memorias de Villa "son un mensaje para los jóvenes", dice Guadalupe. Un lección de cómo sortear la trampa de la pobreza y la ignorancia, subraya.
Tienen un aire de familia. Rosa Helia y Guadalupe Villa Guerrero son nietas del Centauro del Norte y buscan reivindicar la memoria de quien consideran el personaje "incómodo" de la Revolución Mexicana. Pancho Villa es el revolucionario menos asimilable de la historia oficial del antiguo régimen priista. Después de todo fueron los "sonorenses", los padres fundadores del sistema, quienes lo mandaron matar.
"¿Ustedes vienen por el lado de Austreberta Rentaría?", pregunta el reportero. "Noo, !qué horror!", responden al unísono Guadalupe, historiadora, y Rosa Helia, abogada, maestra y periodista. Su abuela, explican, fue Guadalupe Coss, de Rancho de Santiago, Distrito Guerrero, Chihuahua. Entre Luz Corral, quien siempre sostuvo, incluso con documentos, ser la «esposa legítima» y doña Austreberta, las hermanas Villa se quedan con la primera. "Doña Luz era una mujer generosa y muy leal. A mí me comentó: «He de ser musulmana, tú." Austreberta, en cambio, castigaba a los hijos de Villa haciendo que se hincaran sobre el maíz desgranado. Rosa Helia conoce bien la historia de las mujeres de su abuelo. Escribió una novela histórica sobre el tema: Itinerario de una pasión (Plaza y Janés, 2002). La audaz y luchona Luz Corral, recuerdan Guadalupe y Rosa Helia, vivió el exilio en La Habana con los hijos de Villa.
Ante la leyenda negra de Villa que lo pinta como un asesino despiadado, sus dos nietas prefieren resaltar la leyenda épica. "No podemos tapar el sol con un dedo _dice Guadalupe_. En la revolución se cometieron atrocidades, pero no se las podemos abonar sólo a la cuenta de Villa. Además, en algunos casos quienes las cometieron actuaron contraviniendo órdenes. En el caso de Rodolfo Fierro [exferrocarrilero y lugarteniente de Villa con fama bien ganada de asesino a sangre fría], Martín Luis Guzmán habla en su novela El águila y la serpiente de la «Fiesta de las balas». No hay evidencia de las atrocidades que relata Guzmán. Fierro era el guardaespaldas del general Villa, el hombre en quien depositaba toda su confianza. Igualmente es cierto que Fierro no era muy querido por sus compañeros. Cuando Fierro se está ahogando en la Laguna de Guzmán, ninguno de ellos se mete al agua para salvarlo."
Habría que matizar los episodios de la revolución, insiste Guadalupe Villa Guerrero. "A Villa se le ha visto demasiado en blanco y negro."

_Al leer el retrato autobiográfico, queda claro que fue el propio Villa quien creó la leyenda del peón Doroteo Arango, de 16 años de edad, defensor de la honra de su hermana al enfrentar al patrón Agustín López Negrete cuando éste intenta secuestrarla para hacerla suya. Doroteo hiere al terrateniente en una pierna y se convierte en fugitivo. ¿Hasta qué punto es cierto?

_No lo sabemos _reconoce Guadalupe_. Lo único cierto es que él empieza una vida de proscripción. Quizás porque se evade del ejército porfirista cuando se lo lleva la «leva», quizás porque sí balaceó a este hombre, López Negrete, o porque ejercía el abigeato. Lo importante es que adquiere una nueva personalidad. Una de las historias que se ha contado es que tomó el nombre de Francisco Villa de un bandido zacatecano. Sabemos de él porque aparece en los desahogos del Poder Judicial de Durango. Según esta historia, aquel Villa murió en los brazos de Doroteo Arango.
_El historiador chihuahuense Rubén Osorio sostiene que Villa fue hijo natural de Luis Fermán, un hacendado europeo de origen judío...

_Conocemos muy bien al doctor Osorio _dice Guadalupe_. Las pruebas que él presenta son de historia oral. Un informante de la familia Fermán asegura que están emparentados con Villa. La otra historia es la de Doroteo Arango. Hay una fotografía muy interesante de Villa donde está con tenis y con una raqueta de jai-alai. Parece vasco. Ahí hay elementos para otra leyenda. Rasgos indígenas no tenía. Mientras no haya pruebas de ADN de la familia Fermán, no sabremos si mi abuelo era medio judío. Incluso yo tengo un amigo que dice que a él le contaron que Villa comentó alguna vez que su verdadero apellido era López Negrete. No sería raro en la época. Villa pudo haber sido hijo natural de algún hacendado. El mencionado Fermán, López Negrete, cualquiera. Era común. Pero no lo sabemos. Incluso los López Negrete nos propusieron alguna vez que nos hiciéramos una prueba de ADN para ver si éramos parientes.
Un hecho singular es la fascinación que ejerce Villa en Estados Unidos, considerando que enviaron un ejército para perseguirlo luego del ataque villista al poblado de Columbus, Nuevo México. "Me encanta ese sentido de autocrítica que tienen los estadounidenses _señala Rosa Helia_. En Tucson, Arizona, fuimos las dos, Guadalupe y yo, a la develación de una estatua ecuestre de mi general. Y en una ocasión en que se recordaba un aniversario de su muerte, volaron sobre el cielo de Parral, Chihuahua, 50 avionetas procedentes de Estados Unidos que dejaron caer diez mil orquídeas hawaianas. Lo documentó en 1961 Stanton Delaplane, reportero del San Francisco Chronicle. La prensa nacional no destacó el hecho. Villa es tabú.
_Pero el general siempre fue muy amigo de los gringos...

_Sí _acepta Rosa Helia_. El mismo general Scott, jefe del estado mayor del ejército de Estados Unidos en la época, escribe en sus memorias que el reconocimiento de Carranza por parte de Washington fue una especia de traición, puesto que Villa siempre había respetado las propiedades de los estadounidenses e incluso las protegía.

Más allá de los aspectos anecdóticos, para las hermanas Villa el retrato autobiográfico es la voz auténtica del revolucionario que se escucha por primera vez. "Muestra a un hombre profundamente herido por las circunstancias que le tocó vivir _subraya Rosa Helia_. Siendo el mayor de esa familia que se quedó sin padre, con gran inteligencia natural se da cuenta que no tiene ninguna oportunidad en la vida. Hoy mismo lo estamos viendo con todos esos niños de la calle. No tienen derecho a la oportunidad. La historia que cuenta Villa es muy actual. La historia fáctica puede decir otras cosas sobre los hechos concretos de su vida. Lo que hay que rescatar del retrato autobiográfico es el pensamiento social de Villa. Para la historia oficial, Villa casi no existe, pese al reconocimiento tardío que se le ha hecho y pese a haber sido inscrito su nombre con letras de oro en el Congreso de la Unión.

_El relato de Villa es un mensaje para los jóvenes de hoy _opina Guadalupe_. Está diciendo que se pudo elevar de la pobreza en que vivía por su propio esfuerzo. Es una gran lección para los jóvenes de ahora que viven en la desesperanza, sin saber qué va a ser de su vida. Francisco Villa se va educando y puliendo. De hacer unos garabatos en la arena, aprende a escribir.